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El Herradero – Lucha Reyes
Autor: Pedro Galindo
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Por un Amor – Lucha Reyes
Autor: Gilberto Parra
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Ay Jalisco No Te Rajes – Lucha Reyes
Autor: E. Cortazar / M. Esperón
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Tlaquepaque – Lucha Reyes
Autor: Federico Ruíz
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Caminito de Contreras – Lucha Reyes
Autor: Severiano Briseño
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Ay Mamita – Lucha Reyes
Autor: José Albarrán
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Mañanita – Lucha Reyes
Autor: Antonio Galicia
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El Juan – Lucha Reyes
Autor: Alfredo D’Orsay
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La Panchita – Lucha Reyes
Autor: Joaquín Pardavé
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La Mujer Ladina – Lucha Reyes
Autor: Juan José Espinoza
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Así Somos en Jalisco – Lucha Reyes
Autor: José Abarrán
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Canción Mexicana – Lucha Reyes
Autor: Lalo Guerrero
Lucha Reyes, (Lima, 19 de julio de 1936 – 31 de octubre de 1973). Cantante peruana cuyo verdadero nombre era Lucila Justina Sarcines Reyes de Henry. También era conocida por los seudónimos La Morena de Oro del Perú, que se lo puso Augusto Ferrando, y La Reina de la Popularidad. Falleció un 31 de octubre, el Día de la Canción Criolla en Perú.
Lucha Reyes nació en la Calle Aromito, hoy Jirón Sechura, en el distrito del Rímac. De cuna sumamente humilde, tanto su infancia como su juventud estuvieron marcadas por el dolor y las desventuras. Fue hija de don Tobías Sarcínes y de doña Lucila Reyes, una modesta lavandera.
A Lucha Reyes se sumaron otros quince hermanos, todos de la unión Sarcines-Reyes. En 1942, tuvo los primeros golpes de su vida: la muerte de su padre Don Tobías, y la llegada de un nuevo hombre en la vida de su madre, el cual lejos de cumplir un rol paterno: la maltrataba física y psicológicamente.
Tiempo después, un incendio, originado por un lamparín que iluminaba su vivienda, hizo que la familia se trasladara a los Barrios Altos, una zona limeña caracterizada por ser la Cuna del Criollismo, vena fiel de Felipe Pinglo Alva, Pedro Espinel, Samuel Joya, entre tantos otros.
A pesar de los sinsabores, Lucha Reyes tuvo en el canto una fuente de realización. Ella cantaba y lo hacía con emoción y sentimiento, que la llevaron a la fama. Debido a la agudización de los problemas económicos, su familia tomó otra decisión que dejará huella en su vida: su envío al Convento de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, a cargo de Religiosas Franciscanas